
El alma en su propio viaje
Con la operación
Una breve anécdota con mi amiga diaconisa. Iba al hospital para una operación. Le prometí llevarla y recogerla cuando terminara.
La dejé y no sentí ninguna reacción negativa.
La operación salió bien y me llamó para que fuera a recogerla.
Fui a recogerla y lo primero que me dijo al subir al coche fue: “Sten, gracias por estar conmigo durante toda la operación”.
Yo no sabía nada, así que, al parecer, tu alma puede estar en sus propias aventuras sin que te enteres. ¡Solo le dije “qué bien”, y luego me sirvió de algo!